The series' first chapter is named "Sara, the spirit of maize" 
Shortlisted at the Lucie Foundation "Emerging Artist" Scholarship August 2018 
http://www.luciefoundation.org/programs/scholarship/
“Quti” is a photo series about the Native American corn, known as maize, and its connection with the indigenous elders of Mexico and Peru. 
Maize is strongly related to the identity of the Native American people. In Mexico, maize is associated with a male anthropomorphic being, while in Peru, it’s represented by a woman. Thus, it was named “Sara” to signify the feminine spirit of the maize. 
The Native American people inherited the knowledge of growing native maize from their Pre-Columbian ancestors. Hundreds of varieties of maize were developed, however, today only a few elders are the guardians of this ancient knowledge. Each species, size, color and form has a story, a significance and a particular use such as healing.
Sadly, the ancient knowledge of the elders is no longer being transmitted to the younger generations. In addition, as a consequence of industrialization, many native species of maize have been lost over the last decades. “Quti” in Quechua language means ‘‘to come back’’. 
« Sara, el espíritu del maíz » es un foto reportaje que data de Abril de este año sobre el maíz nativo del Perú y su relación con los Quechua en las alturas de los Andes. Allí donde el maíz es un ente sustancial para entender el universo de los hijos del altiplano, su relación con la Tierra y su identidad. Cada especie, tamaño, color y forma de la mazorca está relacionada con una historia, un significado, un uso individual específico pero también a una propiedad curativa. Es decir, el maíz no sólo es el alimento básico de estos pueblos del altiplano sino que cada mazorca es objeto de ceremonias y hasta de presagios.
El maíz es la expresión misma de la Tierra en respuesta al llamado de sus habitantes. Si en México el maíz es representado con una figura antropomorfa masculina o de dualidad sexual, en el Perú el maíz es una mujer. La llaman Sara.
De manera que en la agricultura que practican, su complemento, el ser masculino planta la semilla. La cosecha se da al cabo de nueve meses y es momento crucial para el encuentro con las mazorcas más especiales. Si se encuentra la mazorca de maíz blanco con una o varias líneas con granos de colores, es el « Misa Sara ». Con base en esta cantidad de granos de colores es que se realizarán los pagos a la Tierra y a los espíritus de las montañas. Hay mazorcas cuyos granos crecieron en sentido contrario. Se le llama « Cuti Sara » cuyo significado es « volver », porque tienen propiedades para sanar y cambiar el destino.
Este lazo espiritual ha sabido sobrevivir a la época de la conquista y a la llegada de la semilla transgénica. Sin embargo, el día de hoy esta relación se enfrenta a algo más devastador: el olvido. Aunque poco se conoce de cómo llegó la primera semilla de maíz desde Mesoamérica hasta el sur del continente, los antiguos cuentan historias de viajes, reuniones e intercambios entre las variadas comunidades. En Maras, Cusco es donde se construyeron pisos térmicos circulares para climatizar las diferentes especies de maíz que llegaban de distintas partes del continente y así poder obtener otras variedades. Los Quechuas del Valle Sagrado heredaron un saber muy particular a su situación geográfica del cultivo de maíz de la era precolombina.
Hoy, consecuencia de la industrialización y del abandono de la cultura por parte de los hijos, el saber del cultivo de maíz ha dejado de ser transmitido. Tan solo en los últimos cinco años, muchas especies de maíz nativo han desaparecido en silencio junto con sus guardianes.
Los ancianos Quechua son los últimos guardianes del sur de América quienes mantienen  y protegen con humilde soledad el vínculo ancestral con Sara, el espíritu del maíz. 
Permítanme presentárselos.
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